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A 24 de Diciembre.
Por Rosa Regàs.
Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad'. Así reza la canción y adivinamos en el canto un tono de alegría que no puede ser compartido por todo el mundo. Ni siquiera por todos los católicos, los ateos, los agnósticos, los que se acercan a Dios por caminos distintos al de los occidentales. Porque honestamente no hay motivos de alegría: nuestro mundo es cada vez más injusto, acepta cada vez con mayor naturalidad que una gran parte de sus ciudadanos muera de enfermedades que serían prevenibles si las multinacionales farmacéuticas no fueran tan codiciosas, contempla cada vez más países que limitan la libertad, la justicia y la igualdad en aras de una defensa propia que sólo esconde el afanoso control de sus poblaciones. Sabemos que hay en la tierra cientos de cárceles que crearon los países llamados civilizados donde se mata y se tortura, y se mantienen encarcelados sin acusación ni juicio a cientos de personas. Asistimos a la noticia de que cada segundo muere un niño o un adulto de hambre mientras nosotros, los civilizados, los ricos, echamos a perder cosechas y bienes por puro capricho o, lo que es peor, para que no desciendan unos precios que nos permiten aumentar nuestras riquezas. Alimentamos con nuestros negocios en armas y drogas, las infinitas guerras que mantienen a los más miserables en un estado que clama venganza, azuzando sus luchas tribales cuyos territorios dividimos a nuestra conveniencia sin tener en cuenta su historia y sus tradiciones. Y además defendemos una civilización basada en el dominio de las conciencias por parte de medios y multinacionales al servicio de quienes pretenden lo que creíamos obsoleto: ¿lejos de nosotros la funesta manía de pensar!
Podríamos continuar con este panorama tan espantoso y descorazonador para los que creemos que un mundo mejor es posible, y para tantos hombres y mujeres creyentes de buena fe. Pero sabemos que no son las creencias ni los dioses del más allá los que nos van a solucionar una situación que sólo mejora para unos cuantos y tiene confundidos y martirizados a la mayoría.
Cuando era niña aprendí que sólo la confianza en las ideas universales y el afán de defenderlas ayuda a transformar en un mundo mejor este mundo convulso: libertad, justicia, igualdad. Y que si para ello necesitamos una mano que nos ayude la encontraremos al final de nuestro brazo.
Que el Nadal us sigui dolç i les hores flors novelles si pel camí trobeu pols que se us torni pols d'estrelles.
¿Feliz Navidad compañeros!
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