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RSC. Disciplina todavía en estado de inocencia (V) PDF Imprimir E-mail
  
A 13 de Junio,

Por Álvaro de Regil Castilla

Debido a la corrupción global de la democracia representativa, no existe posibilidad de hacer que la Responsabilidad Social Corporativa responda genuinamente a las demandas sociales a menos que se siga la lógica del mercado y ejerzamos nuestro poder como consumidores.

Presión del Consumidor o del Gobierno – Dos Alternativas Opuestas para la Sociedad Civil

En el actual entorno voluntario, la práctica de la RSC es, en el mejor caso, no sólo endeble sino también errática. A pesar del hecho de que muchas directrices, normas, códigos de conducta y otros instrumentos ignoran aspectos fundamentales, como los salarios dignos, parte del debate argumenta que lo que exigen los diferentes instrumentos no es el problema sino su observancia, reporteo, monitoreo, etc. Aquellos que no quieren esgrimir el poder del consumidor siguen inclinándose hacia el dialogo y la negociación a través de interminables reuniones mediando la actuación de entidades de gobierno y de otra índole pública que incluyen a las ramas ejecutivas, parlamentos, cortes y agencias multilaterales entre otras. Sin embargo, el progreso logrado con ellas es mínimo. Atrapada en una red burocrática de entidades públicas que no tienen voluntad para anteponer el interés público al interés privado, la sociedad civil permanece virtualmente con las manos vacías con una variedad de inofensivas normas que no han hecho a las corporaciones socialmente responsables de manera significativa alguna. En el actual entorno voluntario, de cerca de 60.000 TNLs y 700.000 subsidiarias, sólo unos cientos practican alguna clase de RSC. 30 Además, los instrumentos públicos que la sociedad civil puede usar como mecanismos de reclamo son frecuentemente lo mismo que nada. Un caso en cuestión son los Puntos de Contacto Nacionales (PCNs) que la OCDE ha establecido para la observancia de la Directrices para Empresas Multinacionales de la OCDE. De acuerdo a la OCDE, los PCNs –frecuentemente una oficina gubernamental– es responsable de alentar la observancia de las Directrices en un contexto nacional y de asegurar que las Directrices sean bien conocidas y comprendidas por la comunidad nacional de negocios y por otras partes interesadas. 31 El problema es que la gestión de los PCNs depende de los gobiernos y, en la mayoría de los casos, han sido considerados irrelevantes junto con las Directrices. 32 En una conferencia en la que estuve presente en la Ciudad de México en 2003, para enterar a las corporaciones, sindicatos y sociedad civil acerca de las Directrices de la OCDE y del mecanismo de los PCNs, al oficial del gobierno mexicano responsable de los PCNs no le interesó participar. En otro caso reportado, el punto de contacto en el gobierno alemán dijo que no fue consultado una sola vez a lo largo de los años noventas. 33 Me pregunto si el gobierno alemán estaba interesado en dar a conocer al PCN y en alentar su uso.

El hecho es que en el actual entorno voluntario el número de empresas que de alguna forma han incorporado cualquier tipo de práctica RSC a su modelo de negocios es mínimo, y la calidad y profundidad está ausente en su mayor parte. El otro hecho es que los gobiernos se oponen a la regulación y no quieren molestar a sus verdaderos electores. Los tecnócratas, que han llenado los pasillos de los gobiernos en todo el mundo en las dos últimas décadas, han reducido el papel del gobierno a guardián de los intereses corporativos. Por ello, esta alternativa no ofrece futuro para la RSC mientras no reemplacemos a la parodia democrática con una genuina.  De este modo, la alternativa efectiva para realmente progresar con la RSC es esgrimiendo el poder del consumidor, el cual, a propósito, es en si misma una forma real de democracia directa, genuina y participativa. Si los gobiernos y sus organizaciones multilaterales no quieren establecer una legislación –a nivel nacional, regional y global– para la observancia de un marco de normas de RSC profundo y bien cimentado de manera obligatoria, entonces la sociedad civil debe tomar a la RSC en sus propias manos y utilizar el poder del consumidor para construir un entorno de auténtica RSC. Si la democracia representativa se ha convertido en una parodia de lo que debería de ser virtualmente en todas las áreas de la cosa pública, entonces debemos de esforzarnos para reemplazarla con la democracia directa y participativa de abajo hacia arriba. Esto no significa que debemos desechar a las actuales estructuras de los llamados gobiernos democráticos, pero debemos transformarlos para hacer que trabajen para la sociedad civil y el interés público y nunca para el interés privado. En consecuencia, necesitamos involucrarnos permanentemente en la cosa pública y no sólo participar sino también iniciar muchas de las acciones que se requieren para ir en pos del bien común. Es nuestro derecho exigir que los llamados gobiernos democráticos trabajen en busca del bien común, el cual sólo puede ser el bienestar de todos los rangos de la sociedad. No obstante, debemos de tener en cuenta que tanto los derechos naturales como los democráticos no llegarán a nosotros por gracia divina, sólo llegarán si luchamos por ellos. En esta muy imperfecta existencia humana debemos de ganarnos nuestros derechos luchando por ellos.

De este modo, con respecto al desarrollo de una verdadera RSC, debemos siempre inclinarnos por el poder del consumidor, utilizado de una manera racional y estratégica, como nuestro principal vehículo para alcanzar la verdadera RSC. Finalmente, esgrimir el poder del consumidor es también la forma más práctica de establecer un entorno cuasi-obligatorio de RSC y dejar que las corporaciones decidan si quieren sujetarse a las demandas a fondo de la sociedad civil y ser favorecidos o rehusarse y ser denunciados. Ellas siguen siendo libres para elegir.

Los Beneficios Estratégicos de Usar el Poder del Consumidor para Promover la Buena Ciudadanía Corporativa

Desde la perspectiva de la verdadera democracia, lo práctico que es el poder del consumidor así como los beneficios que conlleva en la construcción de un entorno de RSC genuino y profundo están bien cimentados, son significativos, numerosos y arrojan resultados tanto a corto como a largo plazo. Para resumir los argumentos presentados en este ensayo, enseguida se ofrece una lista no ilimitada de los beneficios del poder del consumidor que, en mi opinión conllevan el mayor valor conceptual, estratégico y tangible, en términos de medición de resultados.

Legitimidad. La práctica de la vida democrática esta anclada en un marco de valores que tienen como su esencia la búsqueda del bienestar de todos los rangos de la sociedad. Esto requiere tener un conjunto de valores morales que defiendan los derechos y las responsabilidades de todos los miembros de la sociedad. Las entidades de negocios son a menudo descritas como amorales sin otro fin que la persecución de la reproducción y acumulación de la riqueza. Pero si esta amoralidad daña a la sociedad debe de ser publicitada por la sociedad civil. En la real democracia el mercado no es el fin sino sólo un medio, subordinado a la sociedad civil, para crear riqueza material tanto para sus individuos como sus comunidades. Esto incluye el derecho de los miembros individuales para perseguir sus propios y muy privados intereses. No obstante, en la real democracia, el interés público siempre prevalece sobre el interés privado. Este es un valor central de la vida democrática. Por lo que las corporaciones deben de responder a la sociedad civil por su conducta social porque los miembros individuales de la sociedad crean a las empresas y éstas existen y derivan su riqueza de la sociedad, la cual actúa como mercados que consumen los bienes y servicios de las empresas. De esta manera, el poder del consumidor legitima el derecho de las sociedades a hacer que la conducta social corporativa se conforme de acuerdo a los valores de la sociedad haciendo que las corporaciones cumplan con sus responsabilidades sociales;

Práctica reguladora. El poder del consumidor llena el vacío dejado por los llamados gobiernos democráticos, quienes han abandonado su deber de proteger el bien común y el bienestar de todos los rangos de la sociedad. Ya que estos gobiernos se han corrompido, –creando una parodia democrática al permitir que las corporaciones subvencionen sus campañas electorales a cambio de fijar la agenda pública– han ido con gran celo en pos de su mantra neoliberal que reduce el papel de los gobiernos al plano militar y a actuar como agentes y guardianes de los intereses privados de los centros de poder económico. Por tanto, la sociedad civil necesita involucrarse y cumplir con el papel regulador de la verdadera democracia y conformar la conducta social empresarial; y este papel lo desempeña la sociedad civil con mayor efectividad actuando como los mercados de las corporaciones;

Disposición Natural. Los consumidores están naturalmente predispuestos a utilizar información respecto a la conducta social empresarial para delinear sus preferencias y decisiones de consumo de una manera discriminatoria. El sentido común de los consumidores los habilita para saber cuando la práctica corporativa es dañina para la sociedad y en menoscabo de la real práctica democrática. La mayoría de los consumidores saben que las corporaciones deben de responder a la sociedad y usan su conciencia cívica en su doble papel como ciudadanos y como consumidores;

Valioso incentivo. La buena voluntad del consumidor es una herramienta muy poderosa para apoyar a los buenos ciudadanos corporativos. Las corporaciones ganarán mucho más practicando una buena RSC que ignorándola, aún en la ausencia de represalias de los consumidores;

Inversión estratégica de negocios competitiva. Practicar la buena ciudadanía corporativa puede volverse una poderosa herramienta de competencia para las corporaciones que se vuelvan responsables, al incorporarla en su mercadotecnia. Un posible escenario es que la sociedad civil cree emblemas internacionales, regionales y nacionales que las buenas corporaciones puedan incorporar en toda su estrategia de comunicaciones incluyendo tanto a la mercadotecnia como a sus programas de comunicación corporativa. Estos emblemas pueden transmitir mensajes como “calificado con máximo desempeño en la práctica de la responsabilidad social corporativa”. Esto proporcionará una clara ventaja competitiva contra los malos ciudadanos corporativos que, en contraste, serán denunciados por la sociedad civil. Es una efectiva espada de doble filo;

Obligatoria en términos prácticos. A pesar de la falta de marcos legales para hacer a la RSC obligatoria, el riesgo de los boicots de consumidores hace del cumplimiento una herramienta de negocios indispensable para mantener la competitividad y proteger el valor del accionista. El poder del consumidor puede penalizar a las malas corporaciones como si estuviesen violando una regla obligatoria;

Realista y ejecutable. Debido a que no es necesario crear grandes boicots para generar una reacción positiva entre las corporaciones, los boicots de consumo pueden ser organizados con éxito de una manera racional y estratégica y generar los suficientes costos a las malas corporaciones como para provocar una reacción positiva. La pérdida de un pequeño porcentaje de participación en el mercado puede ser mucho más costoso que comportarse responsablemente;

Estratégicamente inmune a las amenazas. El poder del consumidor desarma la amenaza tradicional de las corporaciones globales de irse a localidades amistosas para dar rienda suelta a sus prácticas irresponsables, al movilizar a los consumidores del Norte sin importar a donde amenacen mudarse las TNLs;

Eficiente herramienta para proteger el valor del accionista. Volverse buen ciudadano corporativo es mejor táctica para impulsar y proteger el valor del accionista al incrementar la participación en el mercado. En cambio, soportar una represalia del consumidor no solo reducirá la participación en el mercado sino también el valor del accionista, lo que provocará a su vez represalias de los accionistas;

Expedito. Blandir el poder de los consumidores puede producir una reacción positiva de las corporaciones mucho más expedita que el convocar al desarrollo de un marco obligatorio de regulación de RSC con los gobiernos y sus agencias multilaterales;

Apoyo organizado de las organizaciones de consumidores. Hay un creciente número de organizaciones de consumidores en todo el mundo, incluyendo a algunas de las mayores, que ya están involucradas en el desarrollo de un marco obligatorio y que respaldará a las campañas de sensibilización de los consumidores;

Verdadera práctica democrática. El que los consumidores se involucren en el desarrollo de una RSC legítima y profunda al utilizar su poder de consumo e involucrarse en el debate es un ejemplo emblemático de práctica real y directa de la democracia de abajo hacia arriba.


CONCLUSIONES

La presente práctica de la democracia en todo el mundo esta lejos de representar el verdadero sentido de vida democrática. Una democracia formal que reproduce un entorno que beneficia a una minoría a expensas de la mayoría no defiende un sistema democrático sino uno oligárquico. El sendero a la real democracia requiere la participación directa de la ciudadanía en la cosa pública de manera permanente, tanto como miembros individuales y como sociedad civil organizada. Esto significa que es nuestra responsabilidad transformar a las actuales estructuras para hacer que el sistema siempre trabaje para el bien común: el bienestar de todos los rangos de la sociedad. Nosotros, la ciudadanía, tenemos que tomar la iniciativa y traer al frente, de abajo hacia arriba, los asuntos que queramos abordar y resolver en busca del bien común.

De esta forma, las responsabilidades sociales de la empresa son una materia fundamental de la vida pública que debemos de abordar de tal manera que los intereses privados de las corporaciones y sus accionistas no dañen de forma alguna el bienestar de todos los estratos sociales y el medio ambiente. Tenemos que hacer que las corporaciones conduzcan sus negocios de una forma realmente socialmente responsable, determinada por nosotros y no los directivos y los mercados financieros. Ya que los gobiernos se rehúsan a desarrollar, como genuina forma de práctica democrática, un conjunto de normas obligatorias y a fondo de responsabilidad corporativa que garanticen la ausencia de daño a la sociedad, tenemos que actuar en consecuencia y transformar a esta área de la vida pública para que funcione en nuestro beneficio. Por tanto, para cambiar el actual entorno de RSC, debemos de utilizar el poder que nosotros, los ciudadanos, tenemos como consumidores para hacer de la RSC una práctica corporativa positiva que incremente la productividad y el valor del accionista sin hacerlo a expensas de la gente y del medio ambiente. En síntesis, utilizando la lógica del mercado podemos blandir nuestra más poderosa fuerza para construir una democracia realmente participativa y establecer un verdadera práctica de la responsabilidad social corporativa.


30. Uwe Kerkow, Jens Martens y Tobias Schmitt, Los Límites del Voluntarismo, Autorregulación corporativa, iniciativas multi-sectoriales y el papel de la sociedad civil, p. 24. World Economy, Ecology & Development Assoc. (WEED), Bonn 2003.
31. Puntos Nacionales de Contacto para las Directrices para Empresas Multinacionales de la OCDE. Disponible en http://www.oecd.org/documentprint/0,2744,en_2649_34889_1933116_1_1_1_37461,00.html
32. TUAC Solicitud Inicial de la revisión de 1999 de las Directrices para Empresas Multinacionales de la OCDE. Disponible en: http://www.tuac.org/statemen/communiq/guidel99e.htm
33. Uwe Kerkow, Jens Martens y Tobias Schmitt, Los Límites del Voluntarismo, Autorregulación corporativa, iniciativas multi-sectoriales y el papel de la sociedad civil, p. 17. World Economy, Ecology & Development Assoc. (WEED), Bonn 2003.

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