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Introducción al Bloque 1 PDF Imprimir E-mail
  
A 21 de Diciembre.

Por Xavier Montagut.

De cara a facilitar el debate sobre el punto 1 del Foro hemos hechos una selección de textos que hacen referencia a este punto y que nos ha parecido interesantes. Hemos recurrido a extractos para no alargar demasiado este texto. Siempre que es posible damos la referencia de donde se puede encontrar el texto completo para aquellos que quieran profundizar. En otros casos que no es posible referir el texto completo ( libros en prensa, etc.) , los hemos hecho con la autorización de los autores.

Evidentemente esta es una primera selección cuyo único objetivo es animar el debate que, por tanto, no pretende ser exhaustiva y esta abierta a que nuevos textos aparezcan en el proceso que nos ha de llevar al Foro de Febrero.

Una de las primeras constataciones a la hora de recoger los textos es que casi todos los autores y organizaciones partían de una cierta visión de que es el comercio justo, que abordaba bastantes mas aspectos que simplemente los ámbitos geográficos del comercio justo que estaban en el esquema original.. Parece pues necesario un primer punto que aborde que entendemos por comercio justo y recoja las ideas que al respecto aportan las diferentes organizaciones y autores. Así pues las temáticas abordadas por los extractos seleccionados van más allá del esquema inicial que está en el llamamiento.

Por ultimo y para facilitar el debate hemos hecho un primer esquema desarrollado de ideas y temas a discutir en función de lo que hemos encontrado en los textos de referencia. Como todo primer esquema, debe ser desarrollado, mejorado y si cabe cambiado a lo largo del proceso preparatorio. Su único objeto es ir poniendo en común instrumentos para organizar los debates abiertos. Que el esquema sea luego un instrumento útil en el trabajo del foro dependerá de como lo vayamos mejorando entre todos en este proceso preparatorio. Los extractos están ordenados alfabéticamente.

Selección de textos que hacen referencia a este bloque del debate:

  • ¿Pero qué quiere decir Comercio Justo?
    Por Giorgio dal Fiume, presidente de Ctm Altromercato
    Artículo publicado en: CARTA, Núm.
    Traducción y revisión: Laura Bolpin y Nina González

    Extracto del artículo:

    “ No a un Comercio Justo que identifique los valores del comercio justo sólo con la ampliación de los mercados, o con el producto, independientemente de cómo y quién lo vende. Que considere el “precio justo” nuestra única característica, renunciando a darle prioridad absoluta a los pequeños productores. Y ocupémonos de modificar las reglas comerciales que contribuyen a la creciente inequidad del mundo.

    Conceder espacio a las multinacionales supondría un paso adelante hacia un Comercio Justo en el que no se distinga entre una organización sin ánimo de lucro y empresas que, precisamente porque han buscado maximizar sus beneficios, han contribuido a la inequidad de los precios de compra de las materias primas. Donde un compromiso proporcionalmente irrisorio en la propia actividad puede ser asociado a toda la producción. Donde la ampliación del mercado “justo” no conlleva una sustancial modificación de las normas comerciales globales, mientras es cierta la confusión indocta en los consumidores y en la percepción del Fair Trade. Y donde los sellos de certificación pierden contacto con las organizaciones que hacen – y son – el Comercio Justo, perdiéndose el derecho de decidir los criterios y las perspectivas de nuestro movimiento.

  • Extractos del “DOCUMENTO BORRADOR PARA EL DEBATE SOBRE EL COMERCIO JUSTO”
    ESPANICA Octubre 2005. El documento integro se puede encontrar en la pagina web del Foro por un Comercio Justo

    “ En primer lugar, el reconocimiento del productor y trabajador del Sur como sujeto protagonista de la Historia, como único agente capaz de asumir y encabezar procesos revolucionarios que inspiren un giro completo al rumbo que sigue este barco sin timonel en que se ha convertido el mundo actual. Es éste trabajador y productor el que sigue siendo explotado, y el que, en consecuencia, va generando conciencia y experiencia que se van acumulando y dando lugar a propuestas político-económicas alternativas propias. Por tanto, y en segundo lugar, reconocimiento de estas formulaciones alternativas sólidamente basadas en la experiencia histórica colectiva.

    En tercer lugar -y en consecuencia de lo anterior- apostar decididamente por el apoyo a estas estrategias alternativas campesinas como eje de toda labor de cooperación internacional al desarrollo por parte de las organizaciones solidarias del Norte.”
    (.....)

    Los principios de la Economía Popular no son complejas formulaciones intelectuales, sino fruto de simples constataciones históricas hechas por el pueblo. El primero de estos principios es el de la AUTOGESTIÓN, esto es, la propiedad de los medios de producción por parte de las unidades productivas organizadas igualitariamente. El referente concreto más extendido es la forma cooperativa, si bien no es la única y esta misma puede adoptar diversas variantes según las circunstancias.

    El segundo elemento fundamental es la ASOCIATIVIDAD. El funcionamiento y la dinámica de las unidades productivas no puede regirse bajo el principio de la competencia, puesto que la finalidad de la Economía Popular no es la obtención del máximo beneficio económico por cada una de ellas, sino el sostenimiento del mayor número de estas organizaciones en cuanto que son el medio de subsistencia de las comunidades que las dan a luz.
    El tercer principio de la Economía Popular es la búsqueda del acceso lo más directo posible al consumidor final de los productos. El comercio es la base de la acumulación capitalista, merced al papel de intermediario que adopta el capital financiero. Consciente de ello, el campesino tratará por todos los medios de recuperar el valor añadido a lo largo de la cadena de transformación del producto, reteniendo para sí el beneficio subsiguiente.
    (.....)

    “Dado que buena parte de la producción de muchos países del Sur ha estado históricamente vinculada a los mercados de exportación y no al autoconsumo, ambos modelos -la producción intensificada industrial y químicamente, y el comercio de exportación- han conformado uno de los fundamentales mecanismos de empobrecimiento de muchas comunidades de productores por todo el planeta.

    Los defensores de este modelo –las grandes transnacionales y los gobiernos que amparan sus intereses- ponen el énfasis en la liberalización del comercio, hasta el punto de anteponerlo al derecho a la alimentación y la producción de los alimentos necesarios para cubrir los mínimos vitales de las poblaciones. No quisiéramos pensar que alguna ONG pueda entrar también en este saco.

  • Soberanía alimentaria vs. Libertad de comercio

    Pero es coherente que quién apueste por esto último –la libertad de comercio-, apueste también por que el Comercio Justo crezca cuantitativamente y sea una ayuda económicamente significativa para el Sur. Quién apuesta por la soberanía alimentaria, en cambio, ve en el Comercio Justo una herramienta para la sensibilización y activación de los sujetos consumidores; y por otro, un elemento que ha de formar parte de una alternativa económica global al modelo actual. Porque no habrá soberanía alimentaria si los productores no rompen la división capital-trabajo, haciéndose dueños de los medios de producción; no la habrá si no se sustituye el principio de competencia por el de cooperación; no la habrá si los productores no establecen alianzas directas con el consumidor, que le permitan recuperar el valor añadido accediendo a la transformación y/o comercialización de su producto.”

    (....)

    En nuestro entorno más próximo se habla en general de Economía Solidaria, Economía Social, o Economía Alternativa. Entendemos que nuestra visión del Comercio Justo –o al menos de la actividad que desarrolla ESPANICA independientemente del nombre que le demos- se enmarca en este territorio más que en el de la clásica cooperación al desarrollo, al no considerar el problema en términos estrictos Norte-Sur, sino desde una perspectiva global de necesidad de cambio de paradigma, en los ámbitos tanto de la producción, como del comercio, como del consumo.

    Esta “reubicación” del Comercio Justo entendemos que puede ser compartida por otra serie de organizaciones y colectivos. En ese sentido, no queremos caer de nuevo en la tentación de establecer formulaciones cerradas que pretendan precisar de manera definitiva qué es o debe ser el Comercio Justo. La realidad es evolutiva, cambiante, pero sí podemos establecer unos mínimos irrenunciables para nosotros sobre los que ir trabajando en el presente y el futuro próximo.”

  • Principios de nuestra actividad

    “ En primer lugar, consideramos como objetivo fundamental de nuestra labor la sensibilización de todos nosotros y nosotras acerca de la persistencia de mecanismos de explotación que son padecidos fundamentalmente por los trabajadores y campesinos del Sur, bien en el ámbito mismo de la producción, bien en el acceso al mercado, bien en el terreno financiero, etc.

    En consecuencia, apostamos por la activación de un consumidor del Norte que es también trabajador; el problema es más bien que vivimos ambas facetas de nuestra vida de manera absolutamente escindida, lo que le nos dificulta la percepción de las consecuencias de los hechos más injustos entre las distintas fases del proceso económico.

    En tercer lugar, entendemos como fundamental la cooperación y coordinación entre las distintas organizaciones, lo que ha de conllevar el apoyo mutuo y la generación de sinergias que redunden en beneficio común del conjunto del movimiento.

    En cuarto lugar nos parece primordial el adoptar planteamientos de sostenibilidad en el tiempo. Si bien –como dijimos al principio del presente escrito- no son las instituciones las que deben tener preeminencia sobre los objetivos y los intereses de los productores, las estrategias sí deben establecerse de cara al largo plazo, planificando las acciones y la necesidad de recursos que permitan abordarlas.

    Por último, se desprende de lo anterior la necesidad de una máxima coherencia en el conjunto de nuestras acciones; entre nuestras actuaciones y nuestro discurso; entre estos y los de las organizaciones del Sur.

    (...)

  • Líneas de actividad: claves para un programa de trabajo 

    Como preámbulo en este apartado, queremos significar la conveniencia de discernir entre aquellas organizaciones que dedican a esta actividad del Comercio Justo el 100% de sus objetivos y de sus recursos, y aquéllas en las que el Comercio Justo es tan sólo una parte minoritaria de sus quehaceres, o lo es sólo en algunas de sus modalidades –por ejemplo, la sensibilización-. Esto es aplicable tanto a empresas privadas como a ONGs y asociaciones solidarias. Es importante que tengamos siempre claro desde dónde habla cada uno; esto es fundamental para la comprensión mutua y para facilitar y maximizar la cooperación entre nosotros.

    Además, convendría marcar expresamente un horizonte en el que todas las organizaciones que formen parte del movimiento de Comercio Justo carezcan de ánimo de lucro. Esto es coherente con nuestro reiterado argumento de que nuestras organizaciones están al servicio de un proyecto social -el nuestro particular y el proyecto colectivo- y no al revés.

    El fomento del protagonismo de las organizaciones del Sur.- En vez de establecer un montón de criterios a cumplir que hagan aún más difícil el trabajo de las organizaciones campesinas, lo que hay que hacer es: primero, fomentar su fortalecimiento apoyándolas en sus estrategias en este sentido (recursos, respaldo social local, respeto institucional, coordinación regional, etc…); segundo, desarrollar los máximos esfuerzos para su visibilidad con nombre propio entre los consumidores del Norte, reflejando el protagonismo que han de tener en la globalidad del proceso.

    Acceso a la transformación y/o la comercialización de sus productos.- Abiertos a la creación de nuevas fórmulas que permitan el empoderamiento económico de los productores, partimos de la base de que escalar en la cadena de valor hoy en día supone bien acaparar los procesos de transformación del producto, o –como en el caso de ESPANICA- el acceso a la comercialización directa del producto.

    Apuesta por la soberanía alimentaria frente a la libertad de comercio.- Hay que ser tajante en la priorización de los derechos, cuando está en juego la vida de millones de seres humanos.

    Una labor de denuncia de las impuestas aperturas comerciales que sufren los mercados del Sur.- Este principio es fundamental en la defensa de la soberanía alimentaria, y debe formar parte activa y permanente de nuestra actividad de sensibilización.

    Apuesta por una sensibilización en profundidad.- Entendemos que nuestra función es generar el debate y la toma de conciencia sobre la totalidad de los problemas desde una visión global y crítica de los mismos. No es suficiente con la edición masiva de material de difusión (¿propaganda?) o con la utilización de los grandes medios de comunicación. Lo cuantitativo no sustituye a lo cualitativo en este terreno.

    Rechazo frontal a la absorción por parte del marketing empresarial.- El movimiento del Comercio Justo no puede ser engullido por una estrategia publicitaria capitalista.

    Como decimos no es nuestra pretensión cerrar una lista exhaustiva de líneas de trabajo, sino más bien abrirla a las aportaciones que, dentro de los mismos principios compartidos, puedan hacerse por parte de todas aquellas organizaciones de Comercio Justo y de la Economía Social que lo deseen.

    Para finalizar, queremos manifestar nuestra profunda convicción de que toda iniciativa que pueda considerarse parte de una estrategia alternativa y popular debe practicar en el mayor grado posible el principio de la PARTICIPACIÓN. Entendemos que éste es el rasgo verdaderamente distintivo de cualquier estrategia alternativa al modelo capitalista, que es como desde ESPANICA entendemos el Comercio Justo.

  • Extractes del article: Pour une véritable équité dans nos échanges économiques Michel Besson, Director de la red Minga, Francia.

    El articulo entrero se puede encontrar en el libro “debates sobre elComercio Justo” de proxima aparicion en Icaria Editorial

    “Nous ne défendons pas véritablement un “modèle” de commerce juste mais plutôt une démarche globale, avec une multitude d’autres citoyens, pour une autre société.
    Comme nos activités professionnelles sont liées à la production et au commerce, nous travaillons plus particulièrement sur le plan des échanges. Cela passe d’une part par une approche globale, et d’autre part nous abordons le commerce comme il se présente, c’est-à-dire en termes de filières, souvent complexes, du producteur au client final, tous secteurs d’activités confondus, sans sectorisation géographique.

    Cette démarche nécessite tout d’abord une réfléxion permanente sur les rapports marchands historiques et contemporains afin de faire évoluer les modes de production et de consommation. Et cela dans la perspective d’un développement durable, désirable pour tous. Un développement où la satisfaction des besoins de tous ne passe ni par l’exploitation du travail ni par l’épuisement des ressources naturelles. Nous mettons donc en avant la qualité des termes de l’échange plutôt que la quantité des produits échangés.

    Le commerce équitable est  l’achat et la revente d’une marchandise, après l’avoir transformée ou non , et ce par la prise de décisions démocratiques, une juste répartition des efforts, mais aussi des richesses créées par tous.“

    Notre action passe par la connaissance des filières et de la décomposition des prix des produits et services que nous sommes amenés à échanger quotidiennement. Cela passe aussi par la solidarité avec les populations les plus démunies, à commencer par là où nous vivons mais aussi avec des partenaires de l’autre bout du monde.

    La mondialisation a déplacé la ligne d’affrontement entre les détenteurs de capitaux et les travailleurs. Elle ne se trouve plus tellement – ou plus seulement – à l’intérieur de la zone de production (pour faire bref, à l’usine), mais sur le marché lui-même.

    Un commerce équitable, c’est-à-dire l’équité dans les échanges économiques, concerne tous les travailleurs impliqués dans une filière (producteur, emballeur, transporteur, transformateur, prestataire de service, commerçants gros et détail, client). Ceux-ci doivent pouvoir décider de leur vie économique et vivre correctement de leur travail, en respectant l’équilibre écologique, que la filière aille du nord vers le sud, de l’ouest vers l’est ou en sens inverse, ou d’un voisin à l’autre…
    Aujourd’hui, dans une société profondément inéquitable, l’équité, contrairement à ce que certains tentent de faire croire, ne peut pas exister au sens absolu. Cette démarche est tout au plus un engagement vers un maximum de respect des êtres humains et de leur environnement. Présenter des producteurs, des commerçants ou des produits « équitables » n’est qu’un leurre… Tous les autres seraient-ils inéquitables ? Cette vision moralisante, méprisante, trompeuse, n’est pas la nôtre.

    Plutôt qu’exclure, nous préférons bien au contraire une approche universelle et des pratiques démocratiques, auxquelles tout citoyen peut participer. Quels modes de production, de transport et de distribution voulons-nous? Cette régulation « par et pour » les citoyens peut se faire localement et au travers d’accords politiques et économiques démocratiques, multilatéraux, régionaux et internationaux… Les pratiques pour un commerce équitable sont aussi vieilles que le commerce.

    «Pour nous, le client n’est pas une cible ; c’est d’abord un citoyen invité à réfléchir sur ses actes d’achat. Il doit rester vigilant, s’informer et pouvoir s’exprimer. Moins idéalistes que les tenants d’une approche de marketing « éthique », nous n’avons pas la prétention de croire que nous pouvons changer le capitalisme de l’intérieur en poussant un caddie dans une grande surface. Le pouvoir d’achat est pour nous d’abord lié au revenu du travail et non réduit à une « guerre des prix ».
     
    Les tenants de ce consumérisme partent du principe que les contraintes de la mondialisation ne permettent pas une amélioration de la rémunération et des conditions du travail. Comme par hasard, ils ironisent sur la baisse du pouvoir politique qu’ils font tout pour accélérer incitant le public à considérer que l’exercice de la citoyenneté se limite à l’acte de consommation.  
    Que le changement social soit aussi une affaire de comportement individuel nul ne le conteste, mais l’appel au seul comportement individuel est une façon assez commode de se défausser à bon compte de toute responsabilité citoyenne, politique, sociale et environnementale.

    Une approche consumériste d’un commerce équitable renforce la division internationale du travail qui contraint les travailleurs de nombreuses régions du monde, au sud comme au nord, à se spécialiser dans la monoproduction et les produits d’exportation. Le coton dit « équitable » en est un exemple. Cette politique incite les producteurs à produire toujours plus pour exporter sans transformer, au détriment des cultures vivrières de leur pays et de la souveraineté alimentaire, économique et politique de leurs populations.

    Il est temps que le débat sur la question des échanges commerciaux devienne public.

    “ Le commerce équitable tel que nous le pratiquons n’a pas la prétention de révolutionner la mondialisation des échanges, mais de proposer une solution alternative et d’inciter tous les citoyens à leurs actes d’achat et à la société dans laquelle ils veulent vivre. “

    “La diminution du prix à la consommation, mise en avant par la Grande Distribution, cache le vrai problème : donner des revenus décents pour acheter des produits corrects. Face à ce pouvoir littéralement exorbitant, il est évident que le commerce équitable n’a qu’un rôle d’éveil, de témoignage et de réflexion. Il est un moyen de lutte pour moins d’injustice. Face à la crise démocratique qui affecte aussi bien les partis politiques que les organisations syndicales, de plus en plus d’initiatives de citoyenneté économique voient le jour et participent à la conquête de nouveaux droits. L’association Minga qui regroupe des particuliers et des professionnels s’inscrit dans ce mouvement qui, pour être efficace et cohérent, s’inscrit d’une perspective politique de transformation sociale.”

  • Extractos del libro: "Alimentos globalizados; soberanía alimentaria y comercio justo" de Xavier Montagut y Fabrizio Dogliatti, Editorial Icaria.

    Comercio justo en toda la cadena

    “Hemos visto la complejidad de las relaciones que quiere crear el comercio justo. Muchas veces garantizar estas condiciones al 100% no es posible. De hecho, el comercio justo no puede decir que lo haya conseguido. Lo que sí puede y debe garantizar es que ha ido lo más lejos posible en todos los pasos de la cadena para acercarse a unas relaciones humanas socialmente justas y ecológicamente responsables, a unos productos que a su calidad nutritiva añaden su calidad ética y ecológica. Y sobre todo, lo que puede y debe garantizar es una transparencia en todo el proceso, condición para que el consumidor pueda actuar responsablemente. Transmitir toda esta información, educar en un consumo responsable que sepa valorar los diferentes aspectos que existen en toda la cadena comercial, generando de este modo unas relaciones comerciales de confianza, son tareas imprescindibles si queremos que el comercio justo sea un instrumento de formación de consumidores críticos.”

    Comercio justo sur - sur

    “El objetivo de la economía solidaria es fortalecer las economía local, la economía campesina, la economía del sector rural, que es el sector que produce la riqueza del país. Con la economía solidaria fortalecemos los lazos de cooperación entre productores y consumidores.

     (...)

    Una de las experiencias más significativas, sobretodo como modelo de comercio justo sur-sur y por las implicaciones que tiene como aplicación de los criterios de la soberanía alimentaria, es la actividad de ANEC (Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo), miembro fundador de Comercio Justo México. Una de sus preocupaciones principales es el sector del maíz, dramáticamente afectado por las importaciones bajo dumping procedentes de Estados Unidos.

    Con los bajos precios que el maíz norteamericano ha impuesto al mercado mexicano, buscar una salida comercial digna al maíz local –de calidad muy superior– producido por pequeños agricultores y comunidades indígenas es prácticamente imposible. Fijar un precio para los productores sobre la base de los costes de producción y de vida de los agricultores equivaldría a superar de 3 o 4 veces los precios corrientes. Entonces, ¿cómo crear un circuito de comercio justo para el maíz mexicano? La solución ha sido desarrollar una red de establecimientos locales, en régimen de franquicia, que producen y distribuyen las tradicionales tortillas, base de la alimentación de los mexicanos, elaboradas con variedades autóctonas de maíz (libres de OGMs) y según los viejos métodos artesanos. Tradicionalmente, la harina de maíz para preparar tortillas se elabora según un proceso manual o semi-automático (la “nixtamalización”) que añade importantes calidades nutricionales al maíz. Es un proceso antiguo, realizado en todos los pueblos del país en molinos especiales, que confiere a las tortillas su característico sabor y textura. Con la introducción de las baratas y transgénicas harinas norteñas, esta tradición artesana ha ido desapareciendo para hacer espacio a una producción industrial y de baja calidad. Así, las tortillas, los totopos y las tostadas de ANEC acaban siendo productos de gran calidad con mucha aceptación comercial, que recuperan la cultura alimenticia local y cuyos precios de venta cubren los precios dignos pagados a los productores.

    Este ejemplo nos parece muy significativo por muchas razones. Más allá de la recuperación de un rasgo muy importante de la cultura campesina, la iniciativa de ANEC construye todo un entramado de relaciones y una cadena (desde el cultivo del maíz –realizado según los principios de la agroecología– hasta la transformación de la materia prima y la comercialización del producto final) que añade a la operación un valor económico, político y solidario no indiferente.

    Comercio justo norte - norte

    “Para cambiar el modelo de consumo, la actitud práctica de aquellos que no producen alimentos en tanto que consumidores es de vital importancia. El hecho de orientar los consumos alimenticios hacia criterios más sostenibles no es ningún lujo: es una acción consciente de salvaguarda de la vida, de solidaridad con el mundo de la agricultura tradicional y familiar, de respeto a los ecosistemas y de lucha por un mundo más libre y más justo. Y la solución no es conseguir productos sin química de síntesis a base de pagar mucho más a los de siempre (que ahora han descubierto un nuevo nicho de mercado para continuar sus negocios sin cambiar fundamentalmente nada). Lo realmente deseable es reconstruir los vínculos humanos y comerciales con los agricultores, consumiendo productos de temporada que se cultiven o se críen en el entorno más próximo y en armonía con él, estableciendo una nueva relación solidaria entre el campo y la ciudad. Es recuperar toda una cultura de la alimentación, dando valor a las producciones y elaboraciones artesanas.“

    (...)

     “En resumen, los principios de transparencia y equidad, cultivo harmónico con la naturaleza, remuneración digna para los productores, eliminación de intermediarios innecesarios, es decir los principios tradicionales del comercio justo, aplicados a cultivos de proximidad y con campesinos locales. Comercio justo norte-norte sobre los productos básicos de la alimentación y organizados de forma alternativa al mercado dominante. ¿Qué mejor aliado para el movimiento de comercio justo tradicional?”

    Comercio justo sur - norte

    “Finalmente, existe el trabajo en prácticas comerciales alternativas, especialmente centrada en productos típicos del comercio internacional. Existen algunos productos que, aunque minoritarios, están desde hace tiempo incluidos en nuestra dieta (café, cacao, algunas frutas tropicales, té, etc.) y que, dada su producción exclusiva en climas tropicales, forman parte necesariamente del comercio internacional. El comercio justo quiere establecer una relación de confianza entre los productores del sur y los consumidores del norte, –como la que se puede establecer con la venda directa en los mercados locales entre agricultores y consumidores– basada sobre criterios de justicia y equidad: pagar precios razonables a los productores, que cubran gastos y aseguren beneficios; garantizar continuidad en las relaciones comerciales; velar para la protección y el restablecimiento de los ecosistemas locales; aplicar criterios de transparencia en todas las fases del proceso comercial.“
     
    Importaciones. Comercio con los productores del sur

    Si entendemos la práctica comercial como un ejercicio de coherencia y sobre todo de fortalecimiento de las organizaciones capaces de liderar una lucha por la soberanía alimentaria, deberíamos profundizar las prácticas consolidadas del comercio justo en relación a los productores y a la producción. No se trata sólo de garantizar mejores condiciones de venta para los campesinos del sur asegurándoles beneficios mayores, sino trabajar con todos los aspectos de su condición de protagonistas de una estrategia de soberanía alimentaria.

    A menudo, las organizaciones con más capacidad para exportar los llamados productos internacionales han hecho de su eficacia en este terreno su único leit motiv. Si únicamente miramos la eficacia comercial, quizás sean estas organizaciones las más interesantes para establecer con ellas una relación comercial. Sin embargo, si tenemos en cuenta las dependencias que encierran los cultivos de exportación, y el carácter prioritario desde una perspectiva de soberanía alimentaria de la producción para los mercados locales, deberíamos priorizar el trabajo con organizaciones que tengan una visión de diversificación productiva para incrementar la producción de alimentos para el mercado local, rompiendo la dedicación exclusiva o prioritaria a los monocultivos de exportación (aunque sean del mercado de comercio justo).

    (...)

    Sin embargo, el efecto de este incremento (del comercio justo según los parámetros de FLO, NdA) sobre el desarrollo local aun es desconocido. De hecho, al igual que otras organizaciones de comercio justo, las organizaciones miembros de FLO internacional parecen haber orientado todas sus acciones hacia el desarrollo de las exportaciones de los productores del Sur hasta los países del Norte, sin analizar su relación con las dinámicas de desarrollo local en las regiones productoras. (…) Hasta la fecha, los principales actores del comercio justo no han hecho ningún esfuerzo para impulsar relaciones justas en los ámbitos locales, regionales y nacionales, tampoco para articular sus actividades con los que promueven tales objetivos. Sin embargo, es sabido que las dinámicas locales son esenciales para lograr los objetivos del desarrollo sustentable.

    Las limitaciones del sistema de sello implementado en FLO giran entorno a su propósito únicamente comercial. El apoyo que brinda FLO a los productores está diseñado con el único propósito de desarrollar las exportaciones. En el caso de México, son precisamente los excesos del comercio externo que han causado el abandono cotidiano de las actividades agrícolas y rurales de las familias de pequeños productores. (…) En estas condiciones, las actuales estrategias del comercio justo pueden solo ayudar a una parte del mundo rural, esta que produce productos de exportación como el café o el cacao. En los otros sectores, otro tipo de acciones son necesarias.

    En las relaciones que se crean entre las organizaciones de comercio justo del norte y las organizaciones de base del sur, a menudo surge la posibilidad de colaborar en mejorar las capacidades productivas de las organizaciones campesinas aprovechando el acceso a las fuentes de financiación que acostumbran tener las asociaciones del norte.

    (....)

    Sin embargo, no deberíamos, a través de la financiación, cambiar las prioridades de una organización que debe fortalecer esencialmente sus criterios, marcados por la producción alimenticia local y donde los criterios de eficacia no tienen porqué corresponder necesariamente con los exigidos por la exportación a los mercados internacionales.

    Estas dificultades en equilibrar las necesidades dictadas por mercados internacionalizados y las prioridades locales, se pueden observar claramente en los temas relacionados con una visión agroecológica. Si bien es cierto que el movimiento de comercio justo y la existencia de mercados con capacidad de compra y preocupados por temas ecológicos han ayudado en muchos casos a introducir la problemática medio ambiental en la producción de determinados cultivos, también es cierto que lo han hecho influidos por los parámetros en los cuales se mueve dicho mercado en Europa y Estados Unidos. Así, estos segmentos de mercado dan una gran importancia a certificaciones que, aunque garantizan que los productos han sido cultivados sin química de síntesis y por tanto no contienen restos de la misma, no garantizan ni inciden en aspectos que también son fundamentales para una visión agroecológica (que hayan sido producidos con procesos capaces de regenerar y mantener los suelos y las aguas, que mantengan y fortalezcan la biodiversidad de los cultivos, etc.). Además de parciales, los criterios certificadores que requieren los mercados europeos y americanos conllevan unos costes importantes para los productores del sur. A veces tienen criterios de verificación que corresponden más a agriculturas industrializadas o como mínimo más adecuadas a los estándares de países desarrollados y que difícilmente son aplicables a agriculturas familiares en climas tropicales y que constituyen una nueva dificultad para los campesinos del sur.

    Por ello, el trabajo a favor de la agroecológia en el comercio justo constituye un trabajo algo más complejo que favorecer y comercializar los productos certificados. Requiere apoyo a visiones agroecológicas concretas, aunque no se correspondan con los parámetros y exigencias de eficiencia de los mercados internacionales. Esto no excluye la utilización de sellos orgánicos, pero, a la vez, requiere una importante información al consumidor y un trabajo educativo para intentar crear garantías de confianza que vayan mucho más allá de los sellos bio al uso. Requiere una labor de crítica y presión sobre determinados mecanismo de certificación biológica que favorecen mecanismos de industrialización y occidentalización de la agricultura, obviando los mecanismos locales, la diversidad cultural y los procesos artesanales.

    Desde una estrategia de soberanía alimentaria no tiene ningún sentido importar productos que deberían ser suministrados por el mercado local. Es decir, no podemos importar productos que, en las mismas condiciones ecológicas y sociales, se producen aquí. Es el caso de algunos productos alimenticios (miel, vino, zumo de naranja, mermeladas, etc.). Hay que consumir, en la medida de lo posible y de lo razonable, productos de proximidad. La solidaridad se debe basar en el respeto de los mercados locales y de todos los agentes implicados y no puede crear injustas condiciones de competencia entre productores. Si esto es valido cuando nos enfrentamos a las exportaciones del norte hacia el sur, tampoco falsos criterios de solidaridad pueden entrar en competencia con el trabajo digno de nuestros pequeños agricultores.

    El comercio justo tampoco puede prescindir de calcular los costes ecológicos del comercio. Así, traer fruta fresca de miles de kilómetros de distancia implica unos costes ecológicos (transportes, cadena de frío, etc.) para transportar productos que, desde el punto de vista nutricional, están plenamente compensados por los productos de temporada de nuestra dieta local.

    Algunos productos (flores cortadas que en algunos países europeos se importan y comercializan como de comercio justo), tanto por el criterio social como el ecológico, deberían ser descartados en el movimiento de comercio justo.

    Si la práctica del comercio justo expresa claramente la voluntad de fortalecer a aquellas organizaciones que dinamizan una lucha por la soberanía alimentaria en su país, el movimiento de comercio alternativo deberá entonces trabajar prioritariamente con contrapartes comprometidas socialmente y políticamente con los derechos de los trabajadores y de los campesinos, las luchas por la democracia y la igualdad de género en sus sociedades. El compromiso político de las personas, tanto individual como colectivo, es la mayor garantía de un proyecto de transformación social y de una sociedad libre.

    (...)

    También la necesaria centralización y concentración de recursos que requiere trabajar en mercados internacionales lleva demasiadas veces a que se creen estructuras verticales. Se llega así a estructuras de tercer nivel donde el control de los propios campesinos, más allá de los mecanismos formales, se diluye. Incluso los sobreprecios pagados por el comercio justo pueden quedarse a veces en estructuras excesivamente infladas y sólo una parte muy pequeña llegar a los propios campesino –y de forma asistencial– fortaleciendo así la estructura burocrática.

    Vemos, pues, que la relación que establece el comercio justo a través de la importación de productos es una relación muy compleja, que no se puede simplificar con unos pocos estándares, como pretenden algunos certificadores más preocupados por aumentar ventas que por enriquecer las relaciones comerciales entre organizaciones del norte y del sur. Esta relación requiere un esfuerzo permanente de debate e información. En esto consiste la dificultad y la complejidad de las relaciones que debe intentar establecer el comercio justo, pero también su gran atractivo para aquellos que queremos trabajar para otro mundo y otras relaciones entre personas y pueblos.

    Importar mediante redes

    Hoy, las organizaciones de comercio justo que se dedican a tareas de importación en el Estado español, quizás porque han tenido que concentrar sus esfuerzos en llegar a los mínimos que garanticen su viabilidad, se han dedicado más a tareas de distribución de productos importados por otras asociaciones europeas que en realizar importaciones directas. Reconociendo las limitaciones que impone la necesidad de viabilizar pequeñas organizaciones, la preocupación por participar de forma directa en el trabajo de importación y en todo el complejo entramado de relaciones que genera, es pequeña, especialmente en aquellas entidades que, por su tamaño, podrían ser más audaces en estos temas.

    Tal vez esta priorización de las necesidades de viabilidad comercial y falta de motivación por entrar en el campo de las importaciones directas esté en el origen de la falta de colaboración en las tareas de importación entre las entidades del Estado español, y en el fracaso de algunas de las experiencias que se han llevado a cabo. También los intentos de colaboración con otras importadoras europeas han topado con el carácter monopólico y las prácticas de exclusividad que EFTA (European Fair Trade Association) impone a las colaboraciones europeas. Se trata de prácticas que deberían ser ajenas al movimiento de comercio justo y que sin embargo son llevadas a cabo por la coordinación europea más importante de importadoras y por algunas de sus organizaciones más significativas.

    Si en la Síntesis de la mesa redonda y de los talleres sobre comercio justo, consumo ético y cooperativismo del Foro Social Mundial de 2003 se decía que “algunas funciones son necesariamente centralizadas, especialmente las centrales de compra, las estructuras para la importación o la exportación de productos del Comercio Justo. Sin embargo, esas funciones centralizadas deben permanecer bajo el control democrático de las estructuras de base, organizadas en redes”. La realidad en el Estado español es bien diferente.

    (...)

    Esta situación de –cómo mínimo– incomunicación entre la importadoras y las organizaciones más cercanas al consumidor (las tiendas), es especialmente preocupante si pensamos que las complejas relaciones que implica la cadena del comercio justo requieren mucha información y debate. Esta información requiere hacer participe a los consumidores y sobre todo a aquellas organizaciones que tienen una relación directa con ellos, es decir, las tiendas de comercio justo. Estas constituyen unas piezas imprescindibles de la cadena comercial- movilizadora que debería ser el comercio justo.

    Tenemos, pues, un gran reto por delante. Conseguir mecanismos de importación que, manteniendo la necesaria viabilidad, permitan la participación a diferentes niveles de entidades de todo tipo y tamaño, creando así unas redes de debate e información que vayan desde el productor del sur hasta el consumidor. De hecho, el gran reto que como organizaciones de comercio justo del norte tenemos pasa por un amplio desarrollo de estructuras descentralizadas y coordinadas entre ellas, especialmente estructuras de distribución cercanas al nivel local, trabajando de manera profesional y organizada en redes. La proximidad de los puntos de venta favorece la educación del consumidor y la articulación del comercio justo con los movimientos sociales y los actores del desarrollo local.

    Sin embargo, antes de entrar en la cuestión de la comercialización local, deberíamos abordar el tema de la transformación, que normalmente va ligado a la importación.

    Los productos transformados

    En el mercado mundial, los agricultores sólo proporcionan la materia prima –cuyos precios están en caída libre– mientras que los importantes valores añadidos y los márgenes se quedan en las empresas transformadoras y en las grandes cadenas alimentarias, que son las que acaban dominando el mercado

    (...)

    Para combatir estas dinámicas, el movimiento de comercio justo ha defendido siempre que la mayor parte de la transformación se hiciera lo más próximo posible a los campesinos y a sus organizaciones, permitiendo así dar un mayor valor añadido a los productos. Diferentes proyectos de cooperación ligados a organizaciones de Comercio Justo se han desarrollado en este sentido. Las características de inversión, volumen y concentración que normalmente requieren los procesos de transformación, necesitan también una postura atenta, para no crear nuevas estructuras intermedias con un control lejano o formal por parte de los productores, mientras su objetivo es de fortalecer y empoderar a los campesinos y sus organizaciones.

    (...)

    No siempre es posible realizar la transformación en los países del sur. En algunos casos por imposibilidades técnicas (dado el punto de fusión del chocolate, traerlo elaborado de lejos tendría unos costes de transporte en frío totalmente inviables económicamente y de dudosa eficiencia desde el punto de vista ecológico). En otros casos porque determinada materia prima es sólo un componente de un producto elaborado, en que una parte importante de sus ingredientes se produce en condiciones ecológicas y sociales (es decir con criterios de comercio justo) iguales en nuestro país y que, por el criterio de potenciar los mercados locales, no tendría sentido importar.

    En dichos casos, los mismos criterios que hemos aplicado en los países del sur deberían ser validos aquí. O sea, potenciaremos la empresas que, a poder ser, estén ligadas a zonas agrícolas o a los mismos productores de materias primas, sean empresas del llamado tercer sector o empresas cooperativas que empoderen a sus propios trabajadores. También pequeñas empresas que tengan otros componentes que las hagan participes de una agricultura y alimentación alternativa (artesanos, producción ecológica, zonas rurales deprimidas). También en el caso de las materias primas locales potenciaremos no sólo los productos con certificados biológicos, sino los de productores que –mediante una relación directa– conozcamos criterios sociales y ecológicos, pudiéndoles así dar un apoyo mayor.

    De esta forma damos espacio a productos que tienen un importante valor añadido desde el punto de vista del comercio justo, tanto por el origen del conjunto de sus materias primas (ya vengan de países tropicales o sean producidas localmente) como por el proceso de elaboración. Varios productos de comercio justo ya tienen estas características.

    Precisamente por esta relación con los productores locales, la participación de entidades locales de comercio justo en la importación y elaboración de algunos productos puede ser una fuente de sinergias que aún está por explorar.

  • Extractos de la declaración de principios de la Xarxa de Consum Solidari
    La versión íntegra se puede encontar en su página WEB.

    Hacia un comercio más justo …...

    Creemos que la lucha por un comercio justo es la lucha por cambiar las injustas estructuras del comercio internacional en donde unas pocas empresas transnacionales que dominan organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y la OMC y las políticas agrarias y comerciales de los principales gobiernos están impulsando un modelo agrícola, comercial y de consumo injusto e insostenible.

    Apoyamos totalmente algunas organizaciones como la Vía Campesina que reivindican que la alimentación es un derecho y no una mercadería y que la agricultura tiene que producir alimentos y no bienes de mercado. Trabajamos por la soberanía alimentaría que pensamos ser el camino para erradicar el hambre y la malnutrición y garantizar la seguridad alimentaria duradera y sostenible para todos los pueblos. Entendemos por soberanía alimentaria el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y orientadas en prioridad a la satisfacción de las necesidades de los mercados locales y nacionales.

    Entendemos que nuestros esfuerzos por comercializar productos de organizaciones populares del sur son solo una parte de este combate... Participamos en el movimiento alter mundista, movimiento con el que, día a día reforzamos nuestros lazos.. Dentro de las denuncias y movilizaciones en que participamos, trabajamos especialmente los aspectos del consumo. Creemos en el poder de la sociedad civil como generadora de nuevas alternativas. Pensamos que el comercio justo no es un sector de actividad sino un proceso de construcción de otra sociedad.
    Creemos que el comercio justo representa un asunto tanto de responsabilidad colectiva como de actuación individual; es decir un asunto de ciudadanía. Creemos que el consumidor es un actor potente en nuestra sociedad y por eso nuestros esfuerzos se encaminan a la construcción de movimiento de ciudadanos realmente conscientes y críticos.

    Luchamos para el máximo posible de justicia social y respeto al medio ambiente en toda la cadena de comercialización es una de las condiciones fundamentales en favor de un autentico y duradero desarrollo. Por ello sin ocultar las contradicciones de comerciar en un mundo injusto como el actual, trabajamos por hacer transparente todo el proceso comercial, tanto en el “norte” como en el “sur”, para que el consumidor responsable pueda valorar la coherencia de nuestro trabajo con los principios que defendemos.

    Principios que orientan nuestra actuación comercial:

    - Los grupos productores proceden de colectivos organizados comprometidos en la realidad de su país, en la participación de las mujeres, en el funcionamiento participativo y en que las condiciones laborales de sus trabajador@s sean dignas.Con ellos establecemos relaciones lo más amplias posibles, participando en luchas conjuntas, cooperando, intercambios ideas y vivencias. Nuestras relaciones comerciales son parte de unas relaciones humanas de cooperación y lucha a largo plazo.

    - En el proceso de producción se incentiva la utilización de los recursos de la zona y tecnologías no perjudicales al medio ambiente

    - Entendemos el comercio internacional como un complemento de la producción local. Por ello, trabajamos con organizaciones que centran su producción hacia el mercado local y no tienen dependencia de la exportación. No importamos productos que se produzcan aquí con componentes sociales y ecológicos equivalentes.

    - Creemos que el objetivo de un comercio justo se ha de mantener a lo largo de toda la cadena de comercialización por ello:

                 cuando es necesaria una transformación priorizamos las empresas de economía solidaria, de economía social y si ello no es posible pequeñas y medianas empresas. En ningún caso trabajamos con empresas multinacionales a las que denunciamos y combatimos.

                 La distribución no es una acción puramente comercial. Damos prioridad a los circuitos cortos, los servicios de proximidad, y a todas las formas que favorecen el consumo critico. Damos prioridad a los grupos, cooperativas y tiendas de comercio justo y consumo responsable. Apoyamos y defendemos el comercio tradicional de barrio y nos oponemos y renunciamos a distribuir nuestros productos en las grandes cadenas de distribución, autenticas enemigas del consumo responsable y el comercio justo. Igual actitud tenemos antes las grandes cadenas de restauración.

    La lucha por estos criterios no está exenta de contradicciones debido a la realidad en que nos movemos. Por ello buscamos trabajar con una total transparencia ante el consumidor los proveedores, y las otras organizaciones de consumo responsable. Creando vínculos de confianza y transparencia esperamos que el control más amplio posible de nuestro trabajo nos ayude a acercarnos a nuestro objetivo de un Comercio Justo y Sostenible.

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