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A 20 de Diciembre.
Por Abel Gibert.
Unos celebraron la decisión política y la calificaron de audaz. Otros aún desconfían y esperan a ver cuáles serán los beneficios a corto y medio plazo. Nadie evita pronunciarse en Argentina sobre la decisión del presidente Néstor Kirchner de cancelar, en un solo pago, la deuda de 9.810 millones de dólares (8.175 millones de euros al cambio actual o 1,4 billones de pesetas) que el país mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Kirchner otra vez ha apostado fuerte y recurrido a las reservas del Banco Central para terminar con una deuda que, dijo, ha sido "constante vehículo de intromisiones" y "fuente de exigencias y más exigencias" del organismo internacional. Argentina se ahorrará con esta medida más de 700 millones de euros en intereses. Aún le quedan unos 15.000 millones de euros de reservas para respaldar la totalidad de los pesos que circulan en el mercado a una relación de tres a uno con el dólar.
"¿Qué va a pasar?", se preguntan los analistas de la City de Buenos Aires. Sus calles, abarrotadas de casas de cambio y especuladores se convierten en el termómetro de la situación. La cotización del dólar alcanza niveles máximos, mientras que los bonos argentinos tienden a caer. Por ello, el Gobierno salió a aventar fantasmas y autocelebrar su política de "desendeudamiento", destinada a "abrir las puertas a los inversionistas".
"Kirchner es sólo fiel a sí mismo: tiene una vocación irrefrenable por escribir la historia con trazos épicos. Ha decidido que su Gobierno será fundacional o no será", comentaba Joaquín Morales Solá, el principal columnista del diario La Nación sobre el anuncio presidencial. Morales Solá estableció no obstante una diferencia fundamental con aquella Navidad "irresponsable del 2001", cuando un efímero jefe de Estado, Adolfo Rodríguez Saá, suspendió los pagos de la deuda externa.
Los analistas coinciden en que la cancelación de la deuda con el FMI no cambia un panorama económico marcado por la necesidad del Gobierno de controlar la inflación. Las autoridades quieren, contra la opinión del FMI, mantener el dólar en los tres pesos porque eso les permite aumentar la recaudación por impuestos a las exportaciones y obtener así un elevado superávit fiscal. Otra de las exigencias del FMI que Kirchner quiere evitar tiene que ver con las presiones para que se aumenten las tarifas de los servicios públicos, con empresas controladas fundamentalmente por capitales europeos. Argentina reestructuró este año con éxito su enorme deuda externa privada con una quita de casi 70.000 millones de dólares (58.300 millones de euros).
Al cumplir con sus obligaciones con el FMI, Argentina sigue el mismo camino que Brasil. "Me parece excelente que nuestros países sean capaces, con sus propias políticas, de disminuir la dependencia de las instituciones internacionales", dijo el canciller brasileño Celso Amorim.
Críticas recurrentes
A diferencia de Kirchner, su colega Luiz Inácio Lula da Silva nunca tuvo como blanco de sus encendidos discursos públicos al FMI. Estas críticas recurrentes de Kirchner, al igual que las de su antecesor Eduardo Duhalde, nunca fueron obstáculo para pagar a tiempo.
De enero del 2002 a noviembre del 2005 se pagaron al FMI casi 7.000 millones de euros. Si se añaden los pagos de diciembre y ahora los 8.175 millones liquidados, en apenas cuatro años se han pagado más de 15.000 millones.
No fue casual que Rato saludara el anuncio argentino y que luego lo hiciera el secretario del Tesoro de EEUU, John Snow. La diputada Elisa Carrió, uno de los referentes opositores, dijo que el FMI es "el gran beneficiado" de esta política de "desendeudamiento". Carrió añadió: "Cuando Kirchner habló de corresponsabilidad del Fondo, lo que hizo es sacarle la responsabilidad, porque le paga todo". La líder del ARI (centroizquierda) consideró que si bien el cuantioso pago "quita condicionamientos", a su vez obliga a "un enorme sacrificio" que se hará "a costa de la redistribución del ingreso de todos los argentinos". |