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A 17 de Mayo.
A los ciudadanos franceses no les gusta que les toquen el calendario y les conviertan, por designio gubernamental, un festivo en un laborable, aunque sea por una buena causa. El Ejecutivo francés decidió hacer del Lunes de Pentecostés una jornada de trabajo y solidaridad para financiar con sus recursos un plan de ayuda a ancianos y minusválidos. La respuesta de la población fue el caos y el contraste. Una mezcla de protesta y entrega, huelga y compromiso que desembocó en la incertidumbre ciudadana. Para los sindicatos había trampa: ganaba la patronal.
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