A 14 de Agosto,
Por Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra:
Por fin el tema de la pobreza mundial y cómo eliminarla está ocupando una gran
atención política y mediática. Una de las explicaciones de la pobreza que se
presentan con mayor frecuencia en los organismos internacionales, así como en la
mayoría de círculos gubernamentales y foros mediáticos de los países
desarrollados, es que tal problema se debe a la falta de recursos en los países
subdesarrollados, y también a las barreras que existen en los países
desarrollados a los productos de los países pobres, cuyas economías están
basadas en la exportación. Desde la reciente reunión del G-8 hasta los
conciertos promovidos mediáticamente en apoyo a la pobreza, el mensaje que se
acentúa es que hay que conseguir dinero y enviarlo a los países pobres para
resolver la pobreza.
El problema de estas explicaciones, que han adquirido
casi la categoría de dogma, es que, como todos los dogmas, se basan más en la fe
que en la evidencia. En realidad, las causas reales de la pobreza no radican en
la escasez de los recursos sino en los sistemas de propiedad existentes en los
países pobres, apoyados por un contexto político internacional --que incluye los
organismos multilaterales citados anteriormente-- que reproduce y se beneficia
de la existencia de la pobreza.
Esta realidad, tan evidente cuando se analiza
la pobreza mundial, aparece de vez en cuando en los medios de información y
persuasión, incluso en medios nada sospechosos de radicalismo como es el diario
The New York Times, el instrumento del establishment liberal de EEUU.
En un
informe publicado por este diario se decía que la pobreza en Bangladesh --uno de
los países más pobres del mundo, junto con Haití-- "radica en que el 16,7% de la
población rural controla dos terceras partes de la tierra productiva mientras
que un 60% controla menos de un acre. Este último sector de la población son 45
millones de habitantes, más de la mitad de toda la población de Bangladesh, y es
muy vulnerable a las hambrunas crónicas en el país".
EN REALIDAD, esta concentración en la propiedad de la tierra queda incluso
favorecida con la introducción de nuevas tecnologías como la revolución verde,
que incluye la utilización de fertilizantes muy eficaces en incrementar la
producción agrícola, que sólo los grandes terratenientes pueden adquirir. Tal
como dice The New York Times, "la introducción de los recursos tecnológicos ha
favorecido a los grandes agricultores, que han forzado a la bancarrota a los
medianos y pequeños agricultores".
Esta producción agrícola se exporta en su
gran mayoría, pues la escasa capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la
ciudadanía no facilita una demanda interna para estos productos. Es más, la
eliminación de los aranceles y otras medidas que protegen a los medianos y
pequeños agricultores (forzadas por organismos como el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, y la Organización Mundial del Comercio, entre
otros) contribuyen a la concentración de la propiedad agrícola, destruyendo los
medianos y pequeños productores que no pueden competir ni con los grandes
terratenientes ni con las empresas agrícolas internacionales. Las limitadas
posibilidades de cambiar estas relaciones de propiedad aparecen también
claramente en el informe del diario norteamericano, que indica que estas
relaciones se reproducen a través del sistema político que, aunque es
formalmente definido como un sistema democrático, es en realidad "un gobierno
controlado por grandes terratenientes --que representan el 75% de los miembros
del Parlamento-- con lo cual es muy improbable que se resuelvan las causas de la
pobreza que radican en tal sistema de propiedad agrícola".
No podía decirse
mejor. La articulación de Bangladesh en el mundo a través de una economía basada
en las exportaciones es causa de su pobreza, puesto que tal economía no requiere
una demanda interna que sea el motor de su desarrollo. Tal tipo de economía
beneficia sólo a un sector muy limitado de la población y de la economía, los
exportadores, incrementando la polarización social frente a estos grupos,
aliados con multinacionales agrícolas y la gran mayoría de la población excluida
del desarrollo.
EN REALIDAD, "Bangladesh --continúa explicando The New York Times-- tiene
suficiente tierra agrícola para alimentar una población 10 veces superior a la
presente". La pregunta clave, por lo tanto, para entender la pobreza es saber
quién controla aquella tierra y quién se beneficia de la economía basada en las
exportaciones, pregunta que muy raramente se hace en aquellos foros. La solución
de la pobreza requeriría un cambio muy sustancial de desarrollo económico que
debiera basarse en el estímulo creado por la demanda interna, es decir, por el
consumo generado por la mayoría pobre de la población. Pero ello requiere un
cambio muy sustancial en la distribución de la renta y de la propiedad en los
países, que los organismos internacionales y gobiernos obstaculizan. Ambos
prefieren enviar fondos de ayuda que tienen gran visibilidad mediática y que
tranquilizan sus conciencias. Esos donativos deberían darse, según ellos, a
través de misioneros o organizaciones solidarias humanitarias.
Hemos visto
así cómo los abogados del liberalismo y libre comercio complementan su llamada a
la eliminación del proteccionismo --tanto en los países ricos como en pobres--
con llamadas de ayuda canalizadas, ahora, a través de las misiones religiosas.
Fuente: El Periódico |