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A 23 de Junio de 2005,
el `show´ de maquillaje realizado el pasado lunes por Christian Dior en las instalaciones de El Divino contó con la presencia de una invitada especial, Beatriz de Orleans, ejecutiva de esa marca de alta costura desde hace 18 años y autora del reciente libro `El arte de hacer relaciones públicas (bien)´ (Aguilar).
Princesa consorte e hija de conde y marquesa, es elegante y refinada incluso a la hora de pronunciar, a la francesa, la letra erre.
Por J. M. L. Romero
Beatriz de Orleans acudió a la multitudinaria presentación del espectacular maquillaje de Christian Dior `comme il faut´, con traje (color crema) y bolso (rosa) de la marca de la que es directora de comunicación en España desde hace 18 años. Horas antes se había dejado los cuartos en las tiendas de ropa de Eivissa, en las que observó la influencia de John Galliano (creador de la firma):
«He visto cosas que me recordaban la colección de `prêt-à-porter´ de hace un año de Galliano». Y no se enfada por ello, al contrario.
A su juicio, ese es uno de los papeles que juega Dior en el mundo de la moda: «La alta costura es un laboratorio de ideas. Es un show fantástico que intenta mostrar al mundo todas las tendencias de volúmenes, colores y telas. Galliano es capaz de crear los 20 minutos más mediáticos del mundo, de manera que para una colección es capaz de generar una docena de portadas de revistas en sólo dos meses. De esa alta costura se nutre no sólo el `prêt-àporter ´, sino todas las tendencias de maquillajes, de relojes, de laca de uñas, de peinados, de zapatos... Y desde hace unos años, todos los grandes decoradores en vez de lanzar una moda o unos colores, esperan a la alta costura para repetir lo que hacen ellos. Es muy interesante como fenómeno sociológico». Para Beatriz de Orleans , la moda «es ante todo un mundo de sueños. Dior es hoy el número uno de marcas de lujo, vende sueños. Es importante, pues la vida sin sueños puede ser patética. El lujo hace soñar. Nunca hay que fallar a la gente. Hay que apostar por la calidad, por el buen gusto».
La princesa comprende la pasión de Carrie Bradshaw (que encarna la actriz Sarah Jessica Parker en la serie `Sexo en Nueva York´) por los zapatos Manolo Blahnik, a pesar de su precio: «Es que lo valen.
Este bolso [muestra uno rosáceo de Christian Dior, con incrustaciones metalizadas] está hecho con seda, que como sabes se obtiene de unos capullos que hacen unos gusanos. Y hay unos niños que deben deshacerlos con sus pequeños deditos. Es lógico que valga dinero, pues lo vale el trabajo que ha costado fabricarlo, igual que componer una sinfonía, o escribir un libro o pintar un cuadro. Un zapato, como los Manolos, puede ser una obra de arte.
Las personas que compran la alta costura valoran el trabajo. Hay millonarios que se visten fatal, porque no tienen sensibilidad ni refinamiento. Si compras una camisa de seda, es porque captas y valoras la seda. Es como si a una persona le da igual comer todos los días en platos de cartón, en vez de hacerlo en platos de porcelana. Carece de sensibilidad». A la pregunta de si, entonces, para dar rienda suelta al buen gusto es necesario ser rico, lo niega con rotundidad: «No es verdad, es sólo cuestión de sensibilidad».
Su último libro, `El arte de hacer relaciones públicas (bien)´ es una guía para esa profesión, en la que, asegura, no hay que ser ni alcahuete, ni pelota: «Nunca he tenido que hacer la pelota en mi vida. Hay que ser bastante listo y flexible para adaptarse a la persona que está enfrente. Ser relaciones públicas no es tan fácil, pues requiere mucha flexibilidad mental».
«Victoria es una niña malcriada»
A pesar de su exquisitez y refinamiento, Beatriz de Orleans también suelta a veces la lengua, sobre todo cuando de deslenguadas se trata: «Victoria Beckham es una niña malcriada. Humilla a la gente.
Eso, a mí me dolió muchísimo. Hay cosas en la vida que no puedes hacer».
Dice que la televisión apenas la ve, pero que los libros los devora, como `Glamourama´, la obra en la que Bret Easton Ellis describió la cara amarga del mundo de la moda, donde predominan las mentes huecas o adulteradas con drogas de diseño: «Es un buen libro, supo captar este ambiente, pero es un poco excesivo... es que tenía que vender libros».
También confiesa que no todo para ella es Dior: «Tengo muchas infidelidades. La ropa de Dior es parte de mi trabajo, pero me encanta ir a los pequeños mercadillos. Mezclo muchísimo». «Sería - añade-patético ir a una tienda y comprar el `total look´ de Yves Saint Laurent o el `total look´ de Dior. La moda la tienes que adaptar a tu personalidad. Porque al final, la elegancia es estar bien en tu piel, llevar un vestido con el que te sientas tú misma. Es la moda la que se tiene que adaptar a ti, no viceversa. Las que van como `fashion victims´ casi siempre son niñas muy jóvenes, de manera que no tienen todavía el gusto formado. Una persona, a partir de los 30 años ya no es un `fashion victim´».
Fuente: diariodeibiza.es |