Angola vivió una guerra fraticida de casi 40 años hasta que finalmente en 2002, UNITA y MPLA, las dos principales partes enfrentadas por décadas, sellaron la paz. Desde entonces el país vive un proceso de reconstrucción y modernización. Cuatro años depues de la firma del
Memorandum de Luena, las armas callaron “pero los programas de reconciliación no llegan ni a todas las personas ni a todos los rincones del país”, afirma Amelia Judith , líder de la red de mujeres de UNITA en la provincia de Huila. “El programa de Desmovilización, Desarme y Reintegración no ha tenido en cuenta a las mujeres. Sólo algunas se han beneficiado pero la gran mayoría han sido olvidadas, tanto las que lucharon como las que apoyaron desde la retaguardia”.
En Angola, durante el conflicto muchas mujeres lucharon en ambos bandos a veces voluntariamente, a veces forzadas. Ni a unas ni a otras se les reconoció la categoría y por tanto las compensaciones económicas que obtuvieron los combatientes; la consecuencia directa de ello ha sido la ausencia de las mujeres en el proceso de Desmobilización, Desarme y Reintegración, apoyados entre otros por el Banco Mundial.
La violencia sexual durante el conflicto, un tema todavía tabúSi la violencia de género a nivel familiar es denunciada, la cometida contra muejres y menores soldados durante el conflicto armado continúa siendo un tema tabú que incluso durante esta conferencia internacional no ha generado una toma de conciencia que suponga el fin del silencio, “el gran problema de este país”, afirma la periodista Rosa Gonçalves.
“Creo que no hay voluntad política para abrir un espacio de diálogo en el que se pueda hablar de la violencia sexual cometida por los actores armados durante la guerra”, afirma Amelia Judith de UNITA.”De estas violencias sólo pueden hablar las mujeres angoleñas, el problema es que no estamos suficientemente unidas y que el silencio impera, como sucede en todos los paises que han vivido experiencias similiares”, añade Anny Pereira, investigadora y escritora.
Sin embargo las representantes de República Democrática de Congo y de Ruanda sí hablaron de las experiencias de sus paises. Cómo la violencia sexual cometida en Ruanda durante el genocidio puede conllevar hoy el castigo más severo aplicado por los tribunales Gacaca”; cómo en el este de la República Democrática de Congo -dónde más de 40.000 mujeres han sido violadas en los últimos años de guerra- las mujeres están organizadas, denuncian y sacan a la palestra pública los casos de violaciones masivas.
”La violación es una forma de neutralizar a la mujer en nuestros paises -afirma la jurista y periodista congoleña Jolly Kamuntu, presente en la reunión- los actos de violación impiden a la mujer encarar el futuro con dignidad ya que queda humillada y socialmente es un deshonor y motivo de repudio de sus propias familias. La mujer violada se esconde, se avergüenza y no denuncia. Los Estados no castigan, así que la impunidad es la moneda común para estos crímenes. La mujer, desamparada por el Estado y la familia, se decepciona, no cree y no se interesa”.Jolly Kamuntu pidió a las mujeres angoleñas su solidaridad y las animó a “abrir espacios en los que las víctimas de violencia sexual puedan denunciar y sentirse protegidas”.
(*) Tatiana Miralles y Blanca Diego, son miembros de LolaMora Producciones, un colectivo de periodistas españolas que trabajan con mujeres periodistas de países como Angola para difundir campañas de sensibilización sobre la violencia contra las mujeres y la justicia internacional. Ambas han trabajado y trabajan en Congo; actualmente se encuentran en Angola, y en las próximas semanas se desplazarán a Ruanda.