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Lunes, 11 de septiembre 2006
Lima, Perú
Columnista invitado: Enrique Fernández Maldonado Mújica.
En una de sus últimas acciones, el anterior gobierno prorrogó por 10 y 15 años la vigencia de las leyes 28015 (Ley de Formalización de la MYPE) y 27460 (Ley de Promoción Agraria), argumentando que favorecerán la inversión y el empleo. Estas normas, aprobadas entre gallos y medianoche, suponen –además de beneficios tributarios– estándares laborales y sociales menores a los del régimen de la actividad privada (ver Cuadro).
¿Era necesario ampliar ambas leyes, considerando el boom exportador experimentado por ambos sectores estos años? Anteriormente vimos el caso de la agroexportación y sus limitaciones redistributivas (www.cristaldemira.com, 15/5/06). Revisemos qué pasa en el subsector textil-confecciones, principal producto de exportación no primario en el último quinquenio.
Según el MTPE, durante el 2005 las exportaciones del sector manufacturero no primario (MNP) alcanzaron los US$ 4,277 millones (el 25% de las exportaciones totales); creciendo 23% respecto del año anterior. El subsector textil y de confecciones exportó US$ 1,274 millones, aumentando en 16.6%. Desde el 2002, año en que se prorrogó el ATPA (vía el ATPDEA), este subsector creció a una tasa anual de 8%. Actualmente representa el 7.5% del total exportado, representando el cuarto producto en importancia después de la minería, petróleo, pesca y el sector agropecuario (Boletín Estadísticas Ocupacionales Nº 9, 2005).
¿Qué sentido tiene esta estandarización laboral "hacia abajo", dirigida al 8% de empresas (en confecciones) y 24% (en textiles) del sector MNP vinculadas a la exportación?
Una pista la da el propio MTPE: "La ventaja competitiva de la industria textil radica en la rápida reacción ante la mayoría de los pedidos de moda en un corto periodo de entrega" (léase, productividad). "Las ventas de maquinaria crecieron 50% el 2005 por parte de los subcontratistas, quienes (...) abastecen al 60% de la demanda del sector confecciones destinada en su mayoría al extranjero (...) A este proceso se le ha llamado tercerización. Las grandes fábricas (72 en total) mandan hacer sus confecciones en diferentes lugares y tienen un servicio especializado para cada una de sus prendas" (MTPE, Nº 9, p. 14).
La ampliación de ambas normas supone además una "camisa de fuerza" para el actual gobierno. De aprobarse el TLC en los EEUU, éste contendría cláusulas de protección frente a la denominada "expropiación indirecta". Con lo cual, cualquier modificatoria normativa que afecte "expectativas" de ganancia de las empresas sería susceptible de denuncias por incumplimiento del Tratado ante tribunales arbitrales internacionales (Capítulo Décimo, www.tlcperu-eeuu.gob.pe). La experiencia de México con el NAFTA nos adelanta los riesgos que ello implica.
Hay quienes reclaman la extensión de estos regímenes especiales y temporales, argumentando razones de competitividad y formalización. Craso error. La promoción de exportaciones siempre traerá beneficios al país. Hacerlo a costa de los trabajadores, reduciendo beneficios sociales y laborales, es acentuar la desigualdad (y la crisis social), además de resultar antiestratégico (no competitivo).
(*) Centro de Asesoría Laboral del Perú (CEDAL)
Fuente: La República on line (Perú) |